El nombre no es solo una etiqueta, sino una forma de llamar a la persona hacia un tipo de vida, una especie de “guión” que elige la familia y que el niño luego tendrá que negociar cómo vivirlo.
El nombre da la identidad que se irá forjando entre herencia y libertad.
Dios llama a las personas por su nombre (Is 43,1; Jn 10,3) y ese nombre encierra una llamada y un destino, una misión.
Vamos a profundizar.
1.- Leemos dos textos bíblicos y elegimos uno.
A) Abraham (Gn 17,5‑6)
Dios le dice a Abram:
“Pero tú ya no te llamarás Abram, sino Abraham,
porque te he constituido padre de muchas naciones”.
Y añade:
“Yo te haré muy fecundo;
haré naciones de tí,
y reyes saldrán de tí”.
Lo llama Abraham,
no como premio,
sino como promesa:
“Te estoy mirando
desde el futuro que quiero para tí”.
B) Jacob→Israel (Gn 32,24‑29)
2.- Leemos un fragmento inspirado en el libro "Los nombres" de Florence Knapp
Cora sostiene entre los dedos el pequeño formulario para registrar el nacimiento de su hijo.
¿Gordon, Bear, Julián?.
Tres nombres. Una sola línea.
Gordon es el nombre de su marido. El nombre que oye pronunciarse cada noche antes de los gritos, antes de los golpes, antes del silencio lleno de miedo.
Deja que el bolígrafo se detenga.
¿Se atreve a llamar a su hijo como a aquel hombre que lo hará sufrir?
Bear suena más suave. Como si el niño pudiera encontrar un lugar donde acurrucarse, lejos de todo eso.
Julián es un nombre que nadie en esa casa ha usado jamás. No arrastra historias viejas; nace sin peso.
Siente que está escribiendo más que un nombre: está escribiendo la primera historia de su hijo, la primera palabra que definirá quién será.
3.- Reflexión
Dios cambia el nombre de Abraham/Jacob para abrirles una misión y una historia nueva.
Cora elige un nombre para proteger (o no) a su hijo del legado de su marido.
Ejemplos Biblia
1. ¿Qué has descubierto en los fragmentos leídos? ¿Qué te ha llamado más la atención?
2. Responde:
A) ¿Qué nombre me pusieron mis padres y por qué me lo pusieron?
B) ¿Qué “nombre” te gustaría que Dios te diera hoy? (No un nombre “de verdad”, sino un título o sobrenombre que exprese algo que quieras llegar a ser: “valiente”...
C) ¿Por qué elegiste ese nombre? Una frase corta que explique: algo que te cuesta, algo que quieres cambiar, algo que quieres agradecer.
3. Puesta en común: “nuevo nombre” y por qué lo has elegido.
CONCLUSIÓN
En la Biblia, Dios cambia nombres para abrir una nueva historia.
En la Iglesia, en el bautismo, en la confirmación, también se nos da un nombre nuevo:
discípulo, hijo, sierva, testigo…
En la familia se cambian nombres por razones diversas.
Hoy, podemos elegir nuestro nuevo nombre que nos recuerde a dónde quiero ir, será símbolo de mi decisión de ir creciendo en esa identidad.
Propuesta Opcional Extra
Guarda tu folio y revisa dentro de un tiempo lo que has escrito hoy.
Reflexiona sobre si sientes que has avanzado en ese “nuevo nombre” (ej.: ¿te sientes más “valiente” ahora?).
Escribe que necesitarías.
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