miércoles, 4 de marzo de 2026

JESÚS EN EL DESIERTO

¿Qué sabemos de las tentaciones?
TAREA 1

a) Consultamos la Biblia, el Nuevo Testamento, el Evangelio de Mateo 4, 1- 11 y de Lucas 4, 1-13 

b) Leemos y comparamos los dos relatos. Semejanzas y diferencias que te llaman la atención.

Mateo La prueba en el desierto

"Entonces Jesús, movido por el Espíritu, se retiró al desierto para ser tentado por el Diablo. Guardó un ayuno de cuarenta días con sus noches y al final sintió hambre.

Se acercó el Tentador y le dijo:  

Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.

Él contestó: 

Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

Luego el Diablo se lo llevó a la Ciudad Santa, lo colocó en el alero del templo y le dijo: 

Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, pues está escrito: Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti; te llevarán en sus palmas para que tu pie no tropiece en la piedra.

Jesús respondió: 

También está escrito: No pondrás a prueba al Señor, tu Dios.

De nuevo se lo llevó el Diablo a una montaña altísima y le mostró todos los reinos del mundo en su esplendor, y le dijo: 

Todo esto te lo daré si postrado me rindes homenaje.

Entonces Jesús le replicó: 

¡Aléjate, Satanás! Que está escrito: Al Señor tu Dios adorarás, a él sólo darás culto.

Al punto lo dejó el Diablo y unos ángeles vinieron a servirle.

Lucas La prueba en el desierto

Jesús, lleno de Espíritu Santo, se alejó del Jordán y se dejó llevar por el Espíritu al desierto durante cuarenta  días, mientras el Diablo lo ponía a prueba. En ese tiempo no comió nada, y al final sintió hambre.
El Diablo le dijo:
—Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan.
Le respondió Jesús:
—Está escrito: No sólo de pan vive el hombre.
Después lo llevó a una cima y le mostró en un instante todos los reinos del mundo. 
El Diablo le dijo:
—Te daré todo ese poder y su gloria, porque a mí me lo han dado y lo doy a quien quiero.
 Por tanto, si te postras ante mí, todo será tuyo.
Le replicó Jesús:
—Está escrito: Al Señor tu Dios adorarás, a él solo darás culto.
Entonces lo condujo a Jerusalén, lo colocó en el alero del templo y le dijo:
—Si eres Hijo de Dios, tírate abajo desde aquí
porque está escrito: Ha dado órdenes a sus ángeles para que te guarden y te llevarán en sus palmas, para que tu pie no tropiece en la piedra.
Le respondió Jesús:
—Está dicho: No pondrás a prueba al Señor, tu Dios.
Concluida la prueba, el Diablo se alejó de él hasta otra ocasión.

TAREA 2. 
a) Identifica 3 tentaciones reales de hoy para tí o tu generación. 
b) Imagina 3 propuestas concretas y posibles que ayuden a contrarrestarlas.
c) Descubre la relación con los pecados capitales en este vídeo 
TAREA 3.
¿Crees que es posible descubrir la dinámica de las tentaciones y tomar decisiones libres venciéndolas? Responde tras leer las indicaciones que aparecen a continuación.
"Las tentaciones muestran el camino engañoso que el maligno pretende probar con Jesús dada su naturaleza humana (hombre en todo, como nosotros) es el mismo camino que el que recorre, día a día, cuando pretende confundirnos: nos muestra la mentira con forma de verdad, y la maldad con forma de bondad.
  • La primera es la tentación para arruinar nuestra relación con las cosas, la tentación de la avaricia frente a la virtud de la conformidad, pero desde el engaño. El maligno no nos pide, hasta que nos hayamos habituado a ser avaros, “tener por tener”, sino “tener por ser capaz de tener”: ¿Por qué contenernos con menos cuando podemos aspirar a más?…
  • La segunda es la tentación de arruinar nuestra relación con los demás, la tentación del poder frente a la virtud del servicio, también desde el engaño. El maligno no pretende que nos hagamos despóticos (y cada uno puede serlo en su pequeño ámbito de poder), eligiendo de partida ser egoístas dominantes, sino haciéndonos creer que sólo imponiéndonos a los demás mejoraremos las cosas.
  • La tercera es la tentación de arruinar nuestra relación con nosotros mismos, la tentación de la preocupación del aparentar frente al ser, del prestigio social, por muy estrecho que sea nuestro mundo. El maligno no empezará por hacernos esclavos de nuestra imagen pero intentará que nos desesperemos porque, aparentemente, nadie conoce nuestra buena intención, nuestro buen corazón.
  • Las tres tentaciones al final tienen como epicentro nuestra relación con Dios:
    • querré acumular riquezas si no tengo a Dios como riqueza,
    • querré dominar a los demás si no tengo claro que estoy aquí con un propósito divino: servir y confiar en los demás, hijos amados de Dios.
    • Y querré fundamentar mi identidad en la imagen que los demás tengan de mí, si no creo profundamente en que sólo me importa como Dios me vea, y su mirada misericordiosa, además de certera y justa.


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