La humanidad en medio del “paraíso de las máquinas” que invaden y condicionan nuestra vida cotidiana, es urgente formar las mentes en un discernimiento ético capaz de distinguir lo que es moralmente bueno. Esta exigencia es fundamental para reconocer el bien verdadero que hace crecer al hombre según su vocación primordial, en el respeto incondicional de su libertad interior y de su dignidad sagrada.
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